Almohadillas, bolillos y paciencia heredada
La herramienta es sencilla, el gesto no. Los bolillos ruedan entre dedos, el hilo tensa lo justo, la aguja afirma un borde que no debe ceder. Nada se apura, nada sobra. Una mujer cuenta que su primer collar tardó semanas, y por eso lo cuida como se cuida una amistad nacida sin atajos. ¿Qué objeto conservarías tú así, con ritual y cariño cotidiano, para recordar que el tiempo también protege?